Educar no tiene un manual de instrucciones exacto, pero saber reforzar las buenas y malas conductas y predicar con el ejemplo son los primeros pasos para encontrar el camino.

Nuestra forma de educar modela su conducta. Desde que se despiertan hasta que se acuestan, su cerebro va asociando lo que hacen con las consecuencias que le siguen. Nada pasa desapercibido para los ojos de los hijos, por eso nuestro ejemplo vale más que mil discursos.

Carta de un hijo a su madre/padre


• No me des todo lo que te pido.
• No me grites, te respeto menos cuando lo haces, y me enseñas a gritar a mí también.
• No des siempre órdenes. Si a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto.
• Cumple las promesas, buenas o malas.
• No me compares con nadie.
• No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer. Decide y mantén esa decisión.
• Déjame valerme por mí mismo, si haces todo por mí, yo nunca aprenderé.
• Cuando haga algo malo, no me exijas que te diga el porqué. A veces ni yo mismo lo sé.
• Cuando estés equivocado, admítelo. Crecerá la buena opinión que tengo de ti y me enseñarás a admitir mis equivocaciones.
• Cuando te cuente un problema mío no me digas "no tengo tiempo para boberías", o "eso no tiene importancia". Trata de comprenderme y ayudarme.
• Y quiéreme. Y dímelo. A mí me gusta oírtelo decir, aunque tú no creas necesario decírmelo.